Inflación en Colombia
Colombia es el caso latinoamericano de la inflación moderada crónica: nunca vivió una hiperinflación, pero convivió durante casi tres décadas con tasas de dos dígitos que se convirtieron en costumbre. Salir de ahí exigió un cambio institucional profundo y un sistema de indexación que todavía marca la economía del país.
Cómo se mide
El DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) publica mensualmente el índice de precios al consumidor. La canasta se actualiza periódicamente a partir de la encuesta de presupuestos de los hogares, y el índice se desagrega por ciudades, por niveles de ingreso —bajo, medio y alto, una desagregación poco común y muy útil— y por divisiones de gasto. El DANE difunde también la inflación básica, la versión colombiana de la inflación subyacente, calculada con distintas exclusiones para separar la tendencia del ruido de alimentos y regulados.
El componente de alimentos tiene un peso relativamente alto en la canasta y una volatilidad marcada, muy ligada al clima —los ciclos de El Niño y La Niña— y al estado de las vías. A ello se suman los regulados: combustibles, transporte público, energía y acueducto, cuyos precios dependen de decisiones administrativas y suelen moverse a saltos.
El Banco de la República y la meta del 3 %
La Constitución de 1991 dotó al Banco de la República de independencia y le asignó el mandato de preservar el poder adquisitivo de la moneda. Tras el abandono de la banda cambiaria a finales de los noventa, el banco adoptó un esquema pleno de metas de inflación con tipo de cambio flexible: la meta actual es del 3 % anual con un rango de tolerancia de un punto porcentual a cada lado, y su principal instrumento es la tasa de intervención, el equivalente colombiano de los tipos oficiales descritos en política monetaria.
La Junta Directiva publica actas e informes de política monetaria trimestrales, y su capacidad de anclar expectativas ha sido uno de los activos de la economía colombiana, incluso en los episodios en que la inflación se alejó sensiblemente de la meta.
Cuatro etapas de la inflación colombiana
La inflación moderada crónica (1970–1990). Durante dos décadas, Colombia mantuvo una inflación estable en torno a los dos dígitos: alta para los estándares internacionales, pero nunca explosiva. Los economistas la citan como el ejemplo por excelencia de "inflación moderada persistente": suficientemente baja como para que la sociedad se acostumbre, suficientemente alta como para deformar contratos, ahorro y decisiones de inversión.
La desinflación (1991–2002). Con la independencia del banco central y, después, con el esquema de metas, la inflación descendió de forma sostenida hasta situarse en un solo dígito y acercarse al rango meta a comienzos de los años dos mil.
La estabilidad (2003–2020). Casi dos décadas con inflación mayoritariamente dentro o cerca del rango objetivo, con desviaciones asociadas a choques concretos: la depreciación del peso tras la caída de los precios del petróleo a mediados de la década de 2010 y los efectos climáticos sobre los alimentos.
El repunte de los años 2020. La reapertura tras la pandemia, la depreciación cambiaria, los choques globales de alimentos y energía y la indexación interna llevaron la inflación a máximos de dos décadas antes de iniciar un descenso gradual. El banco central respondió con un ciclo agresivo de subidas de su tasa de intervención.
La UVR y el legado del UPAC
Colombia tiene una larga tradición de indexación en el crédito hipotecario. El sistema UPAC, creado en los años setenta, ajustaba las deudas de vivienda según una unidad de valor constante; cuando su fórmula pasó a depender de los tipos de interés de mercado y estos se dispararon durante la crisis de finales de los noventa, las deudas crecieron más deprisa que el valor de las viviendas y miles de familias perdieron su casa. La Corte Constitucional intervino y el sistema fue sustituido en 1999 por la UVR (unidad de valor real), que se ajusta exclusivamente con la inflación pasada. Es un recordatorio práctico de lo que ocurre cuando la indexación se vincula a la variable equivocada.
La inflación en la vida cotidiana
La indexación va mucho más allá de las hipotecas. La negociación anual del salario mínimo toma la inflación causada y la productividad como referencias explícitas, y su resultado afecta a numerosos contratos, arriendos y tarifas que se ajustan tomando ese incremento como referente. Los cánones de arrendamiento de vivienda urbana se reajustan según el IPC del año anterior dentro de los límites legales. El resultado es una economía en la que la inflación pasada se traslada mecánicamente a los precios del año siguiente, generando la inercia descrita en espiral precios-salarios: un mecanismo que protege rentas individuales pero dificulta las desinflaciones rápidas.