Deflación: cuando la caída de precios es el problema

La deflación es el descenso generalizado y sostenido de los precios. Suena a buena noticia —todo más barato—, pero cuando se instala puede ser tan destructiva como la inflación alta, y más difícil de combatir.

Por qué preocupa tanto

El peligro está en la dinámica que desata. Si los consumidores esperan que los precios sigan bajando, aplazan sus compras; las empresas venden menos, recortan producción, empleo y salarios; la demanda cae aún más y los precios vuelven a bajar. Es la espiral deflacionista. Al mismo tiempo, las deudas se vuelven más pesadas: se contrajeron en dinero "caro" y se devuelven con ingresos menguantes. Irving Fisher llamó a este mecanismo deflación de deuda y lo señaló como motor de la Gran Depresión de los años 30.

La trampa de la política monetaria

Contra la inflación, un banco central puede subir los tipos de interés tanto como haga falta. Contra la deflación, su margen se agota: los tipos nominales difícilmente bajan mucho de cero (el "límite inferior efectivo"). Con precios cayendo un 2 % y tipos al 0 %, el tipo de interés real sigue siendo del +2 %: dinero caro en plena crisis. Por eso las economías en deflación han recurrido a herramientas no convencionales —compras masivas de activos, tipos negativos, orientación de expectativas—, con resultados lentos.

El caso de Japón

Japón es el ejemplo moderno de convivencia con la deflación. Tras el estallido de su burbuja inmobiliaria y bursátil en 1990, encadenó dos décadas de precios planos o descendentes, crecimiento débil y tipos en cero, pese a estímulos fiscales y monetarios repetidos. La experiencia japonesa marcó a todos los bancos centrales: desde entonces prefieren un objetivo de inflación positivo (el famoso 2 %) que actúe como colchón de seguridad frente al riesgo deflacionista.

Deflación buena y deflación mala

No toda caída de precios es tóxica. Cuando los precios bajan por ganancias de productividad —tecnología más barata, mejores procesos—, la economía puede crecer con precios estables o descendentes, como ocurrió en periodos del siglo XIX. La deflación peligrosa es la de demanda: precios que caen porque nadie compra. La primera refleja abundancia; la segunda, parálisis.

Desinflación no es deflación

La desinflación es la reducción del ritmo de la inflación (del 8 % al 3 %, por ejemplo): los precios siguen subiendo, pero más despacio. La deflación es la caída del nivel de precios (tasa negativa). La primera suele ser un objetivo de política económica; la segunda, un riesgo a evitar.

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